UN HYGGE DIFERENTE: SOSTENIBILIDAD, EDUCACIÓN Y VIDA DANESA

 

Elegir Copenhague como escenario para una formación sobre sostenibilidad no es casualidad. Los países nórdicos ocupan actualmente los cuatro primeros puestos del Sustainable Development Report 2026, un índice que analiza el progreso de los países en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. 

En el caso de Dinamarca, la sostenibilidad forma parte de una manera de entender el desarrollo en la que se intenta combinar el bienestar social, la innovación y la protección del medio ambiente. No se trata únicamente de reciclar o utilizar energías renovables, sino de buscar nuevas formas de producir, consumir, desplazarse y vivir en las ciudades.

Durante una semana tuve la oportunidad de conocer este modelo de cerca gracias a un curso Erasmus sobre sostenibilidad en Copenhague. A través de diferentes visitas y actividades guiadas, pude comprobar que muchas de estas ideas no se quedan en los discursos o en los planes de futuro, sino que pueden observarse directamente en las calles de la ciudad.

 

Nørrebro: dar una segunda vida a las cosas

Una de mis primeras visitas fue al barrio de Nørrebro, una de las zonas más multiculturales y dinámicas de Copenhague. Allí pude descubrir diferentes iniciativas relacionadas con el consumo responsable y la economía circular. Visité tiendas de segunda mano de Cruz Roja, conocí Wefood, un supermercado que evita el desperdicio dando salida a productos que otros establecimientos ya no pueden vender, y recorrí un mercado de segunda mano donde los objetos podían conseguirse gratuitamente. Todas estas iniciativas me hicieron reflexionar sobre una idea muy sencilla: antes de fabricar algo nuevo, quizá podemos preguntarnos si ya existe algo que podemos reutilizar.

Christiania: comunidad y sostenibilidad

Tuve la oportunidad de conocer Christiania, una comunidad alternativa situada en el centro de Copenhague. Lo interesante de Christiania es precisamente su forma diferente de entender la vida en comunidad. Sus espacios verdes, construcciones alternativas y proyectos colectivos muestran que la sostenibilidad también puede tener una dimensión social: cuidar el entorno, compartir recursos y asumir responsabilidades colectivamente.

Sydhavn: reciclar no es suficiente

Otra de las visitas fue el centro de reciclaje de Sydhavn. A primera vista podría parecer simplemente un lugar donde llevar los residuos, pero su funcionamiento va mucho más allá. En este tipo de centros se intenta que los objetos no terminen directamente convertidos en residuos. Se separan diferentes materiales para facilitar su reciclaje, pero también se fomenta la reutilización y la reparación de objetos que todavía pueden tener una vida útil.

Lo que más me llamó la atención fue el entusiasmo de las personas que trabajan allí. Aunque forman parte del personal contratado por el ayuntamiento, transmiten una gran implicación con el proyecto y están intentando acercarlo a toda la comunidad. Para ello, quieren poner en marcha cursos y actividades dirigidos a escuelas, personas mayores y otros vecinos, con el objetivo de que conozcan el centro, entiendan cómo funciona y puedan aprovechar todos los recursos que ofrece.

La idea es cambiar nuestra relación con las cosas: no considerar automáticamente que algo que ya no utilizamos es basura, sino preguntarnos si puede ser reparado, reutilizado o aprovechado por otra persona.

Noma projects: aprender de la naturaleza

Nuestra ruta por la sostenibilidad también nos llevó hasta Noma Projects, vinculado al conocido restaurante danés Noma. Muchos de sus productos se elaboran en pequeñas cantidades, con ingredientes locales y de temporada y utilizan procesos como la fermentación para conseguir sabores complejos y, al mismo tiempo, conservar los alimentos durante más tiempo.

La visita me permitió ver que la sostenibilidad también puede estar relacionada con la alimentación: conocer de dónde vienen los ingredientes, respetar las estaciones, aprovechar los recursos y experimentar con nuevas técnicas.

CopenHill: cuando una planta de residuos se convierte en una montaña

Uno de los ejemplos más sorprendentes de Copenhague es CopenHill. Se trata de una planta de gestión de residuos y producción de energía construida de una manera muy poco convencional: sobre el edificio se encuentra una pista de esquí artificial, además de zonas para caminar, correr y practicar escalada. En lugar de esconder una infraestructura industrial, CopenHill la integra en la ciudad y la convierte también en un espacio para sus habitantes.

Este proyecto es un buen ejemplo de cómo la innovación puede ayudar a replantearnos la relación entre las ciudades y sus infraestructuras. La sostenibilidad no tiene por qué significar renunciar a la innovación; al contrario, puede ser precisamente el motivo para buscar soluciones nuevas.

Den Grønne Friskole: aprender haciendo

Finalmente, visitamos Den Grønne Friskole, una escuela que lleva la sostenibilidad directamente al aula. Su modelo educativo combina aprendizaje, innovación y conciencia medioambiental, y los alumnos trabajan durante el curso en proyectos de larga duración relacionados con problemas y situaciones reales.

La sostenibilidad está presente tanto en la enseñanza como en el funcionamiento del propio centro. Reduciendo residuos y el consumo de agua y energía, reutilizando materiales, recogiendo agua de lluvia y utilizando fuentes de energía renovables.

Lo más interesante es que los estudiantes no se limitan a estudiar la sostenibilidad en los libros: trabajan en proyectos y buscan soluciones a problemas reales. De esta manera, aprenden que cuidar el medio ambiente no es una asignatura aislada, sino una forma de enfrentarse a los retos del mundo que les rodea.

Una ciudad que convierte las ideas en experiencias

Después de una semana recorriendo Copenhague, me sorprendió descubrir hasta que punto la sostenibilidad está presente en el día a día de la ciudad. Esta experiencia Erasmus me ha permitido entender que la sostenibilidad no consiste únicamente en reciclar una botella o apagar una luz. También implica cambiar nuestra manera de consumir, aprovechar mejor los recursos, reparar en lugar de tirar, compartir, innovar y pensar en las consecuencias de nuestras decisiones.

Copenhague no es una ciudad perfecta pero esta semana me ha demostrado algo importante: la sostenibilidad deja de ser una idea abstracta cuando podemos verla, tocarla y vivirla en nuestro día a día.

 


 

 


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